El plan sorprende no solo por su historia, sino también por la forma honesta y directa en que Ignasi Vidal ha sabido contarla. Encontramos humor en el drama interno de los tres personajes arrinconados socialmente a causa de la crisis. Vidal sabe poner ante nuestros ojos lo cotidiano y, al terminar la historia, por encima de todo, queda una reflexión profunda sobre la amistad. El hiperrealismo en las representaciones de los actores hace que nos creamos todo lo que dicen, todo lo que hacen. Tres intérpretes en estado de gracia pasan de la hilaridad al más puro drama para poner en pie un texto brillante, arropado por una acertada escenografía y unos efectivos efectos sonoros.